En un primer momento pensé que este ejercicio de escritura tenía más sentido y relevancia si lo hacía en inglés (porque ajá, el mundo académico y su lingua franca) y porque secretamente esperaba que algún personaje me leyera y me ayudara con la entrada en los estudios de maestría. Pero eso sólo me estancó. Nadie me leyó porque no había nada por leer.
Aún me da miedo escribir en inglés y me da miedo escribir sobre lo que voy pensando y descubriendo en mis estudios -porque siento que estoy equivocada todo el tiempo y que lo hago realmente mal. Así que, o cambiaba de estrategia o renunciaba definitivamente al blog. Y bueno, opté por lo segundo.
Es posible que la recomendación más validada y repetida sea que el conocimiento debe ser transmitido a través de proposiciones impersonales. Así me lo enseñaron y así lo aprendí pero, la contingencia y evolución de mis conocimientos y mi experiencias me han enseñado que no sólo me puedo equivocar sino que hay otros que con el paso del tiempo cambian sus posiciones y sus enunciados quedan vacíos para ellos mismos. Entonces, tal vez el ejercicio valga la pena como un pequeño borrador público de pensamientos y no como un manifiesto contundente.
Por ahora, voy trabajándole a Simondon con un grupo de amigues con los que nos reunimos los sábado a conversar sobre su obra, mientras redacto un paper sobre Xenofeminismo y preparo una reseña sobre el trabajo más reciente Yuk Hui. También espero con ansias que inicie el MOOC de la UTwente sobre Filosofía de la Tecnología, para ver qué de nuevo hay por allí, pues la versión anterior (de antes de la pandemia) tenía un carácter muy heideggeriano que me molestaba un poco a decir verdad. Así que a lo mejor por acá comparta pedazos de lo que salga de este coctel de fuentes, ya veremos.